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2.11.09

IV. Cine y Motos / Esquizofrenia Quadrophénica '79 (2ª parte)







LA LAMBRETTA DE JIMMY

El modelo que el protagonista (Jimmy Cooper) pasea en la película es una Lambretta Li 150 Serie 3 de 1967, matrícula KRU251. Como buena modbike, está plagada de aditivos para identificarla e integrarla dentro de su movimiento. Así, además de la decoración y los adhesivos personalizados, posee una luz delantera suplementaria centrada en el escudo con una bocina suplementaria de aire comprimido (el depósito se emplaza junto al velocímetro) a cada lado, 10 espejos retrovisores anclados a una estructura paragolpes, un pequeño parabrisas “estrellado” con cupolino, asiento corrido ancho con respaldo tipo custom para el pasajero, rueda de repuesto con funda de leopardo, parrilla portabultos, protectores en las tapas laterales, tubarro cromado, contrapesos de manillar con flecos, neumáticos con fileteado blanco y una larga antena tipo coche de choque. La estética de los retrovisores tiene su explicación: después de que se instituyera una ley exigiendo, al menos, un espejo retrovisor en cada moto, los mods añadieron cantidades ingentes de ellos a sus vehículos como una forma de burla hacia la nueva ley.

Actualmente, hacerte una réplica como la Lambretta de Jimmy es la única opción factible ya que la original fue subastada el año pasado. La moto original utilizada en la película fue comprada en su momento por Rafferty Newman (una tienda que vendía scooter en Portsmouth) y fue expuesta en su escaparate durante mucho tiempo. La moto acabó yendo de mano en mano hasta su actual propietario, que la compró en una subasta de la casa Bonhams Entertainment el 25 de noviembre de 2008 por ¡54.000 euros!

THE WHO

El curioso título de la película se debe al álbum del mismo nombre que en 1973 publicó el mítico grupo londinense The Who (1964-1982). Supone la segunda ópera rock del cuarteto, en cuya historia se alternan los sucesos sociales, musicales y psicológicos que afectan a un joven mod británico entre 1964 y 1965. Según los especialistas, este álbum se encuentra entre los 100 mejores de la historia y The Who es el grupo de referencia del estilo de vida mod.

El nombre supone una variación del término popular para designar el cuadro médico de esquizofrenia como un trastorno que refleja las cuatro distintas personalidades de Jimmy (cada una representa a uno de los integrantes del grupo), protagonista de la ópera. También hace referencia al sonido cuadrafónico de la época (este sistema permite la grabación y reproducción de cuatro canales distintos de sonido a diferencia de los dos canales convencionales del stereo).
No debemos olvidar que de todas las características que unen al movimiento Mod, la más importante es la música.

LOS MOD Y EL ALFREDO´S

“Yo no quiero ser como todos los demás, por eso soy un mod ¿entiendes?”. Así responde Jimmy a un colega del barrio al que hacía mucho tiempo no veía y que, por cierto, era rocker.

El MOVIMIENTO MOD (del inglés modernism –modernismo-) surgió en 1958, pegando con fuerza en la Inglaterra de los ’60. Después, ha habido muchos revival a raíz del estreno de la película. En España, por ejemplo, la denominada Movida de principios de los ’80 vio resurgir a muchos seguidores y actualmente hay conciertos anuales donde aglutinar esta cultura. Los mods lucían trajes entallados, corbatas, parkas verdes del ejército americano y mocasines, se inclinaban por la música pop-beat (Small Faces, The Kinks, The Who, The Action, The Jam...), el pop art y la filosofía existencialista, les gustaba bailar y, por supuesto, adoraban los scooter (Vespa y Lambretta en su mayoría).

En la película de Roddam, el Alfredo´s snack bar de Londres figura como centro de reunión del movimiento mod. Las emociones de los jóvenes y la angustia adolescente se ven bien reflejadas entres esas cuatro paredes.

A mí siempre me han gustado más los rockers, que en la peli figuran como los malos, pero en fin...

IV. Cine y Motos / Esquizofrenia Quadrophénica '79 (1ª parte)







Si hablamos de películas con importantes cargas “scooterianas”, una gran cinta brilla por derecho propio sobre el resto: Quadrophenia. La ópera prima del director inglés Franc Roddam cumple 30 años. Hagamos memoria y valoremos en su justa medida el significado y la repercusión de esta magnífica obra- icono.

Los amantes de los scooter, y por supuesto de las motos, gustan verse reflejados en la gran pantalla con el estreno de una producción de cierto renombre cuyas protagonistas queman gasolina y tumban en cada curva como si de una Moto GP se tratara. Desgraciadamente, en la inmensa mayoría de los casos la calidad de estas “películas moteras” brilla por su ausencia, cayendo en burdos y típicos tópicos carentes de sentido, con cutres y consentidas realizaciones de pseudodirector e insultando constante y estúpidamente nuestra cultura motorista (véase Torque o Biker Boyz, por poner un ejemplo). Afortunadamente, muy de cuando en cuando surgen películas dignas de encomio, no sólo para aquellos que amamos el “mundillo” de las dos ruedas, sino también para cualquier neófito en el tema o, sencillamente, para todos los que se consideren cinéfilos. Quadrophenia es una de ellas.

Yo la vi por primera vez hace algunos años en VHS, en una de esas jornadas lúdico-pelleras que todos hemos disfrutado alguna vez en la universidad. Mi amigo Luis me acompañó en el visionado de la misma y la verdad es que me quedé tocado. Casi toda la película está rodada en exteriores reales de Londres y Brighton, con varias escenas nocturnas donde las calles eran regadas a posta para lograr una mejor estética dramática al reflejarse las luces en los charcos. La ambientación y la fotografía son muy buenas, con especial mención para el vestuario y, por supuesto, la banda sonora (el inmortal tema My Generation no debe olvidarse).

¿DE QUÉ VA ESTO?

La película trata la historia de un adolescente inmerso en una banda mod en la Inglaterra de 1964. Fiel retrato de la cultura británica y de las denostadas rivalidades entre las tribus de los mods y los rockers, el protagonista Jimmy Cooper (encarnado por Phil Daniels) lucha por la autorrealización, junto a la rebelión y ante el rechazo. Las drogas y su Lambretta son herramientas que utiliza en todo momento para llevar a cabo su propia búsqueda. Él refleja desde dentro un modo de vida efímero pero intenso, con una moraleja que da para mucho cuando al final de la película se derrumbe emocionalmente tras dejar el trabajo, sufrir la incomprensión de sus padres, comprobar el desinterés de la chica que le gusta y ser rechazado por su banda. Es entonces cuando arroja la Vespa de Sting por los blancos acantilados de Beachy Head (un lugar donde se han sucedido multitud de suicidios a lo largo de la historia). Al final, Jimmy triunfa al comprender que no tiene necesidad de formar parte de algo para ser feliz.

Hacia la mitad de la cinta surge la figura de otro mod conocido como “As de Oros”, que está encarnada por el jovencísimo cantante Sting (tenía 27 años cuando se rodó), en pleno auge tras crear la conocida banda The Police. Este ídolo y referente para todos los mod no lo será tanto cuando Jimmy comprueba que, alejado de las típicas estridencias mod, el “As” se gana la vida como un simple botones de hotel.

LAMBRETTA: HACIENDO HISTORIA

La histórica rival de la conocida Vespa nació en Milán en 1947 de la mano del empresario italiano Ferdinando Innocenti. A pesar de ser tan made in Italy como cualquier otra, su final italiano (1972) no fue el definitivo ya que se siguió fabricando en factorías de diversos países como España (1989) e India (1998).

Finalizada la II Guerra Mundial, Innocenti concibió un vehículo barato, con un mantenimiento económico y una versatilidad fuera de toda duda con la que desplazarse en la Europa de posguerra. Su peculiar diseño bebió mucho de las necesidades militares, pues se necesitaba de un vehículo de rastreo estrecho, pequeño y fiable.
Entre las principales características de la Lambretta se encuentran su chasis tubular, el cambio manual de 3-4 velocidades (según modelo) en el puño izquierdo y su motor central (la Vespa es lateral-trasero) de 2 tiempos.

Actualmente, hay legiones de seguidores de la marca por todo el mundo y el mercado de piezas, accesorios, merchandising y clubes está más vivo que nunca. Los especialistas y propietarios de todo el mundo lucen sus últimas creaciones en cualquier salón de prestigio a la mínima ocasión. Y es que, en el fondo, Lambretta es una de esas marcas inmortales que siguen vivas gracias a la pasión de los aficionados. (+)

14.7.09

III. Cine y Motos / Easy Rider (1969)







Ahora se celebra el 40 aniversario de una de las cintas más carismáticas y auténticas que ha dado el cine de motor: Easy Rider (en la traducción española se añadió la coletilla “Buscando mi destino”). Un pedazo de historia pura y sin retoques de 94 minutos defendido a ultranza por la contracultura yankee. Joder… es muy buena.

Estrenada un 14 de julio en Nueva York, esta road movie convulsionó a la sociedad desde el primer momento. El valor casi documental de esta película la ha colocado entre las 100 mejores de la historia del cine. Fue unánimemente acogida por la generación hippie como su película de culto, además de obtener un considerable éxito de taquilla y consiguió la Cámara de Oro (premio a la Mejor Ópera Prima) en el Festival de Cannes.

Película de culto donde las haya, Easy Rider fue financiada por Peter Fonda (hijo del reconocido actor Henry Fonda –“Capitán América”-) y dirigida por Dennis Hopper. Con 340.000 $ de presupuesto y las ideas muy claras reflejaron fielmente la realidad de una época que llegaba a su fin. La gente así lo entendió, y obtuvieron más de 60.000.000 $ de recaudación.

La trama narra la amistad entre los motoristas Wyatt (Fonda) y Billy (Hopper) que, tras una operación de cocaína en la que ganan mucha pasta, deciden emprender un viaje en sus motos desde Los Ángeles hasta Nueva Orleans para asistir al Carnaval Mardi Gras. Su travesía por carretera les llevará a componer una fidedigna radiografía del país y a desempolvar la esencia de la cultura americana de la época: dinero, comunas hippies, granjeros, policía, cárcel, norte vs. sur, droga, psicodelia, sexo, rock and roll... Destacable también el papel de George Hanson (Jack Nicholson fue nominado a mejor actor secundario), un peculiar abogado alcohólico que se une al viaje.

El tratamiento fotográfico de Laszlo Kovacs es magistral, con unas localizaciones y paisajes idílicos. La luz, siempre natural, sin aditivos. Easy Rider sentaría las bases del cine americano independiente de los ’70. La inesperada escena final es el culmen de la descorazonadora crítica social de la que hacen gala a lo largo de toda la película. Quizá no esté muy lejos de lo que se pasa hoy: parece que los motoristas seguimos siendo los malos de la película…

12.5.06

I. Motos y Cine / Burt Munro (2006)









Como buen motero y aficionado al cine, no puedo dejar pasar la ocasión de resaltar que hoy día 12 se estrena a nivel mundial la película Burt Munro: un sueño, una leyenda” (The World’s Fastest Indian), dirigida por Roger Donaldson (un australiano que ha vivido 15 años en Nueva Zelanda) y con Anthony Hopkins como protagonista. La cinta está basada en la historia real de Burt Munro (1899-1978), un neozelandés que nunca dejó que se desvanecieran sus sueños de juventud. Después de pasarse toda la vida perfeccionando su Indian de 1920, Burt Munro se desplazó desde Nueva Zelanda hasta Bonneville Salt Flats, en Utah, Estados Unidos, donde batió el récord mundial de velocidad en 1967 con 295,44 km/h. La velocidad máxima alcanzada en la calificación fue de 305,89 km/h, la más rápida para una Indian. Para el rodaje se utilizaron 2 motos: una Indian Scout para las escenas estáticas y otra con chasis Cagiva alargado y motor Ducati para las escenas de velocidad. Como el carenado integral las tapa, ambas resultan idénticas estéticamente.

Munro fue un héroe local y sus hazañas en Europa, y no digamos en España, no tuvieron apenas repercusión. A finales de los 60 ya se había producido una gran revolución aerodinámica que dio lugar a los prototipos que hoy siguen protagonizando este tipo de eventos, es decir, ingenios mecánicos a medio camino entre un cohete espacial y un avión supersónico. Pues bien, sin formalizar su inscripción, aparece por Utah un sexagenario con una moto cuya base es del año 1920, preparada hasta las cejas con todo tipo de modificaciones y componentes (que para mayor mérito, resultan ser totalmente artesanales), con la sana intención de batir el record de velocidad para motos de menos de 1.000 cc. Muy fuerte.



Pero este no es el primer contacto del director con la figura de Burt Munro. En 1972, Donaldson rodó un documental sobre la vida del “kiwi motero” titulado Offerings to the God of Speed:

“La primera vez que me reuní con él fue en una noche de invierno en Invercargill, en 1971. Burt estaba muy emocionado por el hecho de que algunos jóvenes cineastas hubieran ido hasta allí, desde Auckland, para reunirse con un hombre mayor y comentar la posibilidad de hacer un documental acerca de sus hazañas. En su entusiasmo, sacó su vieja motocicleta, una Indian Scout de 1920, del cobertizo de ladrillos de ceniza en que vivía y saltó sobre la palanca de arranque. La máquina empezó a rugir de tal forma que parecía que iban a estallarnos los tímpanos. A todo esto, empezaron a encenderse luces en las casas de los vecinos y, cuando Burt dejó de acelerar y pudimos oír de nuevo, la noche se había llenado de los gritos de desaprobación de los vecinos que sugerían que las once de la noche no era la hora adecuada para hacer una demostración de su ruidosa motocicleta. Me enganchó... Así que cogí mi cámara Bolex y rodé mi documental sobre la vida de Munro. Le filmé en la isla Sur y también le acompañé a Bonneville Salt Flats, donde intentó, una vez más, establecer un récord de velocidad con su vieja moto”.