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4.11.12

La Britten V-1100 cumple 20 años


Es neozelandesa, bicilíndrica, supera los 300 km/h, está valorada en 400.000 € y se fabricó en un garaje. Sólo hay 11 unidades en todo el mundo y, aún hoy, sigue siendo plenamente vigente. El legado del visionario John Kenton Britten y su equipo sigue muy presente, por ejemplo, en motos como la Benelli Tornado o la Ducati 1199 Panigale. 

 
Yo tenía 14 años la primera vez que leí algo sobre ella y, desde entonces, ocupa el top 5 entre mis motos de carreras favoritas. En 2000 subí al Museo Guggenheim de Bilbao para verla, fue mi principal aliciente en la histórica exposición “El Arte de la Motocicleta”


La eterna narración bíblica de David contra Goliath está ya muy manida, pero sí, la Britten tocó los huevos a las mejores fábricas europeas (sobre todo a Ducati) de principios de los ’90 con un producto extremo, minimalista y tremendamente innovador que le terminó costando la vida. Una joya de la ingeniería de nuestro tiempo. 


Este ingeniero neozelandés (Christchurch) falleció por cáncer de piel en septiembre de 1995 a los 45 años, fruto de su tóxica exposición a los trabajos con la fibra de carbono, el kevlar y las resinas en el horno que él mismo se fabricó (sí, la Britten Motor Company estaba ubicada en… el garaje de su casa). 


Antes de las V-1000/1100 construyó la Aero D-Zero y D-One (120 CV) a finales de los ‘80, manteniéndola tres años en competiciones locales. La V-1000 llegó después y es la que todos conocemos, pero de la 1100 sólo hay una, fabricada en 1992 para intentar batir a las Ducati 888 en Daytona (les falló la batería cuando iban en cabeza). Posteriormente se cambió el reglamento y hubo que volver a los 1.000 cc. El motor era muy competitivo, pero lo asombroso de la Britten radica en lo estudiada de su aerodinámica y las soluciones del chasis: 

-Motor V2 a 60º y 8 válvulas construido en dos piezas, 1.108 cc, 171 CV a 9.700 rpm e inyección electrónica (inyectores Bosch, mappings de John y puesta a punto por Mark Franklin). Distribución por correa dentada, válvulas de titanio, alternador Ducati 
-Escape 2 en 1 
-Chasis monocasco de carbono con motor como parte integrante del mismo 
-Radiador de agua bajo el asiento en disposición horizontal para mejorar la aerodinámica 
-Conjunto cambio/embrague de Suzuki (GS1100/GSX-R), en seco 
-Suspensión delantera artesanal de paralelogramos inspirada en la Vincent Black Shadow 
-Amortiguador trasero Öhlins invertido ubicado delante del motor 
-Equipo de frenada AP Racing 
-Llantas, basculante (3 kg), subchasis (4.2 kg) y carrocería fabricados en fibra de carbono por Britten 
-144 kg sin gasolina 


Los pilotos Jason McEwan y Stephen Briggs tuvieron la suerte de conducirla, pero fue el “kiwi” Andrew Stroud el que mejor lo hizo. Además de conquistar el campeonato BEARS (British European American Racing Series) en 1995 y el Nacional SBK de Nueva Zelanda (1995, 96 y 97), batieron varios récords de velocidad FIM y ganaron las Battle of The Twins de Daytona en 1997, 98 y 99 tras varios años en el podio. También tuvieron tiempo para participar en el TT de la Isla de Man en 1994 (Nick Jefferies) y 1996 (Shaun Harris), desapareciendo de las pistas con el cambio de siglo. 


La Britten V-1100 fue una moto dura, pero extremadamente ágil, con la potencia de una GP 500 de la época y sólo 14 kg más de peso que aquellas. Una bestia radical con toneladas de par concebida gracias a la perseverancia de un soñador romántico, un genio con escasos recursos pero con mucha ilusión, y soluciones técnicas de vanguardia que hicieron que muchos fabricantes tuvieran que girar la cabeza a su paso.


VÍDEO DE JOHN BRITTEN  dándolo todo en su garaje...

14.3.11

Las mejores bicilíndricas BoTT (2ª parte)











(> continuación) Hubo cientos de creaciones peculiares, muchas pajas mentales increíbles y verdaderas obras de arte... pero las más importantes fueron estas:

Ducati 900 SS
Jimmy Adamo pilotó las Ducati preparadas por Reno Leoni durante toda la década de los ‘80. Las primeras 900 SS no tenían rival y con ellas logró los títulos nacionales de 1981, 82 y 83. Aquella SS cubicaba 950 cc, pesaba 145 kg y rendía 110 CV a 8.500 rpm con carburadores Malossi de 41,5 mm. Llegaba a los 251 km/h en el peralte de Daytona.

BMW R90 Daytona
John Long
y su BMW del importador San Jose ganaron alguna categoría inferior, mientras que Dave Emde logró incluso batir a alguna Ducati a pesar de la inferioridad mecánica de la moto alemana: 95 CV a 8.500 rpm, cardan y 156 kg. Su suspensión delantera antihundimiento llamó mucho la atención. ¿Te suena el Telelever?

H-D “Martillo de Lucifer”
Jay Springsteen y Gene Church (campeón en 1984, 85 y 86) dominaron con mano de hierro las BoTT durante tres años frente a las máquinas italianas, paseando con orgullo la bandera Yankee en su tierra. Esta bestia era un popurrí de componentes desarrollados en dirt-track: chasis, motor de carrera larga XR 750 con distribución por varillas, 106 CV a 7.500 rpm, etc. El pique con Ducati fue salvaje.
La evolución posterior contó con un chasis tubular artesanal, monoamortiguador trasero y motor de XR 1000.

Laverda 500 Montjuic
La Laverda de Maurice Ogier fue la bicilíndrica de menor cilindrada en ganar una carrera de BoTT gracias a su ligereza (132 kg) y eficaz aerodinámica. El motor cubicaba 579 cc, proporcionaba 74 CV a 9.800 rpm, equipaba carburatas Dell’Orto de 38 mm y depósito de combustible bajo el asiento. Alan Cathcart ganó con ella en Daytona ’84.

Ducati 851
La victoria en Daytona ’87 con el excampeón del mundo de 500 Marco Lucchinelli significó un punto de inflexión en esta categoría y en la historia de Ducati. Fue la primera Duke en equipar un motor de 8 válvulas e inyección, rendía 120 CV a 11.000 rpm y llegaba a 265 km/h. Desde entonces, todas las superbikes de la marca han seguido esa configuración.

Guzzi Le Mans 1000
Campeona nacional en 1987, la super-Guzzi de John Wittner (más conocido como Dr. John -era dentista-) pilotada por Doug Braunecken adelantó lo que la marca italiana vendería en las tiendas pocos años después: las primeras culatas de 4 válvulas y correa dentada. La Guzzi cubicaba 999 cc, llegaba a 115 CV a 9.300 rpm y alcanzaba los 267 km/h.

Honda RS750 Commonwealth
Fue la única moto japonesa en ganar el campeonato. Lo consiguió en 1989 con Randy Renfrow a los mandos: motor RS 750 de dirt-track con 8 válvulas (base Transalp), carburadores Mikuni Flatside de 41 mm, suspensiones de 500 GP, culatas artesanales específicas, 857 cc, 100 CV a 9.400 rpm y 155 kg.

Quantel-Cosworth
Este artilugio británico fue desarrollado por Bob Graves sobre la base del bicilíndrico paralelo creado originalmente por la firma de motores de Fórmula 1 para el proyecto Norton Challenge de finales de los ’70. Roger Marshall venció con ella en Daytona ’88: 823 cc, 120 CV a 10.000 rpm, inyección electrónica, agua, 8 válvulas, motor autoportante... Lo malo es que pesaba 173 kg, pero en el peralte volaba a 280 km/h.

BMW R100 Fujii
El auge Twin en Japón hizo que el equipo de Yoshimori Fujii (un vendedor de coches BMW) viajara a Daytona. Sobre un motor de R100 desarrollaron una máquina de 98 CV a 8.300 rpm , con carburadores Keihin de 39 mm, dos válvulas por cilindro, chasis Beater, basculante de aluminio y Paralever. Con sus 160 kg alcanzaba los 250 km/h.

Britten V-1000
Mi favorita. Una de las mejores motos de carreras de la historia se adelantó 20 años a su época. La última evolución del genio neocelandés John Britten ganó en Daytona ’94 con Andrew Stroud machacando a las Ducati 926 oficiales de Ferracci: motor autoportante (no hay chasis) en V a 60º, inyección electrónica, suspensión delantera por paralelogramo, radiador bajo el asiento, 138 kg, 170 CV a 9.700 rpm, 303 km/h...