13.4.09

III. Coches y Cine / Max y el Interceptor (1979-1981)











Por supuesto, también hay que hablar de los coches de las dos primeras entregas de Mad Max... una lástima que tuviesen cambio automático.
Por orden de importancia, el famoso Vehículo de Persecución Especial de Max, el Interceptor V8 351 negro con 600 CV (eso dice el mecánico), pasando por los yellow pursuit sedán (en sus dos variantes, V6 y V8 Big Booper) de Liebre o Bailarín, el Holden HQ LS Monaro V8 del ‘72 del Jinete Nocturno, el Buick Riviera del capitán Fifi McAfee o el Chevy Impala flaming del ‘59 que destrozan los motoristas (por el capó de este último sobresalen 8 tomas de admisión de mentira, de las que, además, sobrarían dos porque su motor era realmente un V6). Es curioso también el cazarrécord streamliner blanco que aparece fugazmente semitapado en el garaje de Fuerza Central cuando Ganso y el mecánico van a enseñar a Max Rockatansky “el último V8” del mundo mundial.




El Interceptor negro es una preparación de un Ford Falcon XB Coupé del ’73 (esta 3ª generación se mantuvo hasta 1976). Este muscle car de 300 CV fue fabricado por los australianos de Holden, una de las marcas del macrogrupo General Motors. Las principales modificaciones para la película pasaron por el particular frontal de fibra de vidrio (diseñado por Peter Arcadipane, de Ford Australia) muy novedoso en la época, las salidas de los colectores por los laterales, el alerón trasero y de techo, las ruedas, el volante y la decoración black on black (negro brillo con capó negro mate). Lo más llamativo del coche era la adopción de un turbocompresor de palo Weiand GM 6-71 que podía entrar en funcionamiento a gusto de Max a través de un pulsador rojo en la palanca de cambio (nunca existió este sistema en la realidad y la correa del turbo se movía gracias a un motor eléctrico camuflado).




El Interceptor de Mad Max 2 fue modificado respecto al de la 1ª parte para dar la sensación de estar estropeado por el uso post-nuclear vagabundero que Max ha hecho de él: ausencia de spoiler delantero, dos enormes bidones de gasolina (200 l. la pareja) en el maletero junto a otros 2 metálicos más pequeños (40 l. la pareja), llantas traseras distintas, cuchillo y conmutador en los bajos con interruptor de autodestrucción, habitáculo sin tapizar gadgeteado (barras antivuelco, ausencia de emisora, asiento de pasajero sustituido por otro específico para el perro anclado a la puerta izquierda, cabeza de tótem en el salpicadero, panel interior de la puerta de derecha con cinturón que incluye machete y diversas bolsas pequeñas, cubo colgado del techo...) y reja metálica de separación para la carga (caja de cartón con latas de 800 gr. de comida para perro Dinky Di meat & vegies, neumático de repuesto, bombona de oxígeno amarilla, recambio de correa de kevlar para el turbo y otros objetos indefinidos).
Dependiendo de las secuencias, se usaron dos coches (frontal bueno y frontal roto). El pata negra, restaurado en su totalidad, fue comprado por Bob Forsenko que luego lo vendió al museo de coches de películas Cars Of The Stars (Cumbria, Inglaterra), donde está expuesto actualmente.

Tanto las motos (gracias a los japos de Whitehouse) como los coches, el vestuario policial, los adhesivos y demás, cuentan con numerosas réplicas por todo el planeta a cargo de auténticos entusiastas de la saga. Una pena que no pase lo mismo con las botas Sidi marrones de 7 hebillas de Cortauñas (MM1, 19’29”)...

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