14.7.08

Harley y su 105 cumpleaños
















Tras cuatro días flotando, flipado, como en una nube, deslizándome entre la multitud como si fuera un fantasma, vuelvo a mi ser. Pero, me siento diferente. ¿Ha sido un sueño? No lo sé, pero si es así, no quiero despertarme jamás. Más de 15.000 motos asistieron a un evento sin igual en nuestro país, una demostración de poderío social, una declaración de intenciones motorista, un ¡aquí estamos todos! Cualquier marca y tipo de moto era aceptada, estaba abierta a todos los públicos y la entrada era gratuita. Así han sido los Harley Days de Barcelona, entre el 10 y el 13 de julio. En este evento se celebraron los 105 años de la marca de Milwaukee y los 25 del H.O.G. (Harley Owners Group), pero el objetivo principal fue abrir Harley-Davidson a la sociedad. De este modo, se podía aglutinar en un solo espacio físico a todos los mundos H-D: los puristas, los preparadores-inconformistas, los futuros clientes y aquellos que simplemente se sienten atraídos por la marca. Por segunda vez en su historia (ya se celebró el Centenario), Barcelona se convirtió por unos días en la capital europea de Harley-Davidson. Habrá otra reunión para los americanos, pero será en Milwaukee, a finales de agosto. Rechazada por pocos, deseada por muchos y conocida por todos, Harley es así. La parafernalia de gente, luces y por supuesto motos, no tiene parangón con ningún otro fabricante de motos.

Al margen de la sobredosis de V-Twin yankee, el fotógrafo oficial, y buen tipo para más señas, con el que he coincidido en numerosas presentaciones, me enseñó su pequeño santuario motociclista, pues él está más enfermo por las motos clásicas que servidor. Tras mancharme los pantalones observando sus escrupulosas restauraciones (Derbi 2002 GP 6 velocidades, un par de Sherpas -una de ellas firmada por Don Paco-, una Cota, la Ossa de trial amarilla, una RD 350 del siglo XXII, etc), me giro y destapo una ¡TZ 250 de carreras réplica Kocinski! La foto era obligada... y eso que la postura es tan radical, que sólo aguanté lo que dura la foto. Espero que me llame si algún día se deshace de ella... Claro que también hubo foto con Chiqui Martí (la reina del Stript-Art) en la fiesta de inauguración... Mmmmm

ESTO NO ES FÚTBOL

Los 90 minutos de un partido dan para poco, pero 4 días de fiesta sirven para mucho. Puestos para comprar merchandising, parches, insignias, hebillas, botas, pañuelos, chalecos, cazadoras, llaveros, cascos, fundas, gafas, tazas... demostraciones de especialistas en tubos de escape y exhibiciones... y por supuesto, comida y bebida por doquier en los numerosos bares y restaurantes que se encontraban dentro del recinto de 76.000 m2. Concursos de preparaciones, actividades infantiles, rutas guiadas (la Ultra Screamin' Eagle y yo pasamos un buen rato), jornadas de pruebas, conciertos...
Los “personajes” tatuados y no tatuados que por allí desfilaron hacen que te olvides de cualquier complejo, y las edades de los asistentes te demuestran que el mundo Harley, como el amor, no tiene edad. Vivir, disfrutar, emocionarse... son verbos que definen a la perfección lo que significa integrarse en el “medio Harley”. Y es que nuestra vida se alimenta de recuerdos. La mayoría de ellos se almacenan en tu cabeza, y muy pocos, sólo los buenos buenos, te tocan el corazón. Bien es cierto que detrás de cada motor hay una historia, y en los Harley Days ha habido miles de ellas.

DESFILE DE BANDERAS: UN FINAL APOTEÓSICO

Domingo, 10 a.m., último día. Una suave y fresca brisa matinal, fruto del aguacero de la noche anterior, acaricia mi rostro y me mantiene algo frío, la verdad. Las motos no paran de llegar y van formando una inmensa alfombra humana adornada con cuero y acero. Cuando se pone en marcha el desfile, me derrito como un helado en el desierto al ver a más de 10.000 MOTORISTAS rodando juntos por las calles de Barcelona. Simplemente grandioso. El recorrido, con un total de 12 km, está cortado al tráfico, y la guardia urbana abre la procesión. Detrás, varias Harley-Davidson conducidas por ejecutivos nacionales e internacionales de la firma y por personajes públicos encabezan la comitiva. Sonrisas, vítores y gritos de ánimo reflejan la actitud de los transeúntes al paso de la carabana. Los flashes de las cámaras no paran de destellar y mis gafas negras se encargan de impedir que emerja alguna lagrimilla de emoción. A medida que se suceden los minutos, la serpiente va estirándose, haciéndose más y más larga, hasta llegar a los 8 km. Se respira fraternidad, buen rollo y un sentimiento de grupo difícil de describir. El sonido de las máquinas al paso por los túneles es atronador, y raro es que no se haya agrietado el techo de alguno de ellos por el impacto de las “ondas harlyanas” sobre el cemento. Como todo, llega el final. La vuelta se me hace corta, y hubiese repetido muchas más... ¿Por qué vendí mi Sportster?

1 comentario:

álvaro dijo...

¿¿que por qué vendiste tu sportster?? PORQUE ERES UN JODIDO PAKETE¡¡ mira que no conservar la iron eagle...